~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


Mi novela femdom I

Primer capítulo gratis de mi primera novela femdom. 
En esta novela de Dominación Femenina escrita por un Ama vocacional asistimos al despertar a la sumisión masculina de su protagonista, un joven que descubre que el sexo convencional no es lo suyo. Su encuentro con una mujer dominante les romperá los esquemas a ambos y sumergirá al lector en una trepidante historia de acción y emociones a flor de piel.
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CAPÍTULO 1

Se situó frente al espejo, intentando imaginarse a sí mismo como mero espectador.
“No está mal”, pensó, “supongo que con esto bastará”.
Después de todo, no se trataba de ningún concurso de belleza. Aquello tenía que ver con actuar. ¿Y qué experiencia reunía él en ese campo? Un par de funciones escolares, como mucho. El anuncio, insertado en letras pequeñas en un periódico gratuito, tal vez ni iría en serio.
“¿Qué tendré que hacer exactamente?”, siguió preguntándose, mientras analizaba cada parte de su anatomía como si la viera por vez primera. Claro que sabía de qué se trataba: invertir miles de horas frente a una pantalla desde la adolescencia le da a cualquiera una idea acertada de un empleo así. Pero el nerviosismo le hacía dudar hasta de su propio nombre. La fecha del casting se aproximaba y el nudo en su estómago se hacía más apretado.
¡Cómo envidiaba la naturalidad de aquellos actores! Parecían nacidos para hacerlo. Ya solo se fijaba en la parte masculina del reparto, comparando sus cuerpos con el suyo, incluso ensayando frases y expresiones delante de su cámara digital… No pudo evitar una risotada nerviosa al recordar todo esto, mientras seguía examinando cada centímetro de su piel.
Con ayuda de otro espejo más pequeño se miró la espalda. Observó satisfecho su bien proporcionado cuerpo, sintiendo aumentar la confianza en sus posibilidades. Sí, de manera definitiva: sería capaz. Y no tenía otra alternativa. Le parecía el último recurso. Si decides malgastar tu vida dedicándote al arte, olvídate de los ingresos fijos. No lograba recordar cuándo había vendido un maldito cuadro por última vez.
Para colmo, ni siquiera pudo retener a Elena. La echaba de menos a ratos, sobre todo ahora que las noches eran tan largas y frías. Puro egoísmo, cierto, pero, ¿acaso ella no se había comportado de la misma manera? Había admitido que aquel idiota no era mejor que él, pero estaba harta de pasar hambre a su lado. Y, para ser honestos, Raúl también estaba harto. Siempre la misma rutina. Rompiendo el tópico, fue quien empezó a fingir dolores de cabeza. Era un peso quitado de encima, ahora que recapacitaba sobre ello.
Un relámpago de especial luminosidad le recordó que cortarían la luz si no pagaba a tiempo la factura. Tenía que decidirse de una vez.
“No es el momento de ser tímido”, decidió al fin, mientras se metía en la cama, dispuesto a pasar otra noche en blanco.


El acceso al edificio se encontraba tan escondido como el anuncio del periódico. Entró casi a hurtadillas, sin apenas creer en lo que se estaba metiendo. Su sensación de irrealidad aumentó al llegar a una especie de sala de espera llena de hombres de aspecto variopinto, aunque destacaba una mayoría con idéntico look: corte de pelo a la moda, tatuajes asomando por debajo de ajustadas camisetas, al menos un piercing visible… No tuvo ocasión de fijarse con detenimiento, aquella chica le estaba extendiendo una especie de formulario.
—Cuando lo rellenes, entrégalo junto con lo demás que te pedimos.
Raúl no tenía ni idea de cómo funcionaban esas cosas y no podía compararlo con ninguna experiencia anterior; lo más parecido que pudo encontrar en su cerebro fueron las esperas antes de las sesiones con el dentista. Ya sabía por el anuncio que el casting era masculino en exclusiva. Con la sensación de ser el chico nuevo el primer día de clase, se dirigió a tomar asiento entre el grupo de hombres, cualquiera de ellos, en apariencia, más tranquilo que él. Se sentó cerca de una puerta pintada de rojo y trató de sonreír de manera despreocupada al individuo de su derecha.
—Hola —dijo este—, acaban de leer nuestros nombres hace un momento.
—¿En serio? –respondió Raúl—. Joder, no encontraba el lugar y el tráfico era… —Dejó de hablar en cuanto se percató de reojo de la expresión burlona de su compañero.
—Era broma tío, ja ja. Relájate…
El tipo bromista no dejaba de observarlo, como si él llevase escrito en la frente que era un completo novato. Intentando disimular su desastroso estado de nervios, siguió hablando con un tono que, esperaba, sonara indiferente.
—Bueno, el caso es que acabo de recoger los resultados de la prueba del SIDA hace un rato —añadió, mostrándole el sobre que llevaba en la mano— y creí que llegaría tarde.
—Ya, ¿y qué? Hay un montón de castings todos los días, ¿no?
Raúl no respondió; su comportamiento demostraba con toda claridad que no conocía ni ese ni ningún otro dato relacionado con el negocio. Pero no se permitiría a sí mismo que se le notara; si había algún rasgo de su personalidad del que se sintiera por completo satisfecho, ese era su amor propio. Solo por dignidad había rechazado dejar la ciudad para volver a refugiarse en la comodidad del hogar paterno en su pequeño pueblo. Se preguntaba hasta dónde le arrastraría el afán de arreglárselas por sí mismo.
Rellenó el formulario en dos minutos. No pedían demasiados datos: información personal y experiencia previa, si era el caso. Dejó el papel y el sobre encima de una mesa donde se veían apilados los demás y volvió a sentarse. Todo lo concerniente a aquel asunto, desde el anuncio hasta esa habitación, parecía algo amateur, nada de superproducciones. Buscaban actores para películas de adultos y tan solo pedían una fotografía y un certificado de buena salud, con especial hincapié en estar limpio de enfermedades de transmisión sexual. No tenía ni idea del resto de condiciones, tipo de contrato, sueldo y otros detalles.
“Bueno, pues aquí me enteraré de todo”, pensó, mientras sacaba el móvil y, de manera inconsciente, comprobaba que no había recibido mensajes de Elena.
La puerta roja se abrió y la misma chica de antes apareció con una hoja de papel en la mano. Agitándola en el aire, como para llamar la atención del grupo, dijo que debían entrar siguiendo el orden de la lista. Pinchó el folio en un trozo de corcho colgado en la pared y se giró hacia la puerta. La voz del vecino de Raúl la retuvo un instante más.
—¿No hay guión?
—No —respondió con tono rutinario—, tendréis que improvisar esta vez.
Algunos sonrieron con socarronería ante sus palabras; otros parecían sorprendidos; Raúl sintió simple y puro pánico pero, al captar la expresión de los ojos de su compañero, forzó también una sonrisa, intentando calmarse.
"No debo preocuparme; esto será siempre igual, estas cosas tienen poca variación… No creo que esperen nada del otro mundo”.
Se levantó para mirar la lista, como estaban haciendo los demás. Su nombre aparecía de manera aproximada hacia la mitad de la hoja. Decidió cambiar de asiento, lejos del escrutinio de aquel tipo. Pero el otro, tras pasearse un rato por toda la sala, se sentó justo enfrente de él.
La puerta roja empezó a abrirse y cerrarse a intervalos que oscilaban entre un par de minutos y el cuarto de hora. Raúl se refugió de nuevo en su teléfono hasta que le llegó el turno a aquel hombre para entrar por la puerta. Cuando lo vio reaparecer, algunos minutos después, con su aspecto despreocupado, tan satisfecho de sí mismo, Raúl sintió que sus nervios se desvanecían de golpe.
“Si ese cretino puede hacerlo, yo también”.
—Número quince, te toca —dijo, sin mirar a nadie en particular.
Ese era su número.
Tras la puerta roja encontró un pasillo iluminado de manera tenue por luces de emergencia y, al final, una puerta entreabierta. Tras dudar un instante, golpeó con los nudillos un par de veces.
—¡Adelante! —gruñó alguien desde el interior—, no tenemos tiempo para diplomacias…
Cuando se abrió la puerta del todo le deslumbró la intensidad de la luz en la amplia sala, con focos apuntándole desde cada pared. De repente, se sintió consciente de su propio cuerpo con plena lucidez. Era inútil fingir que no estaba nervioso de nuevo. El hombre que había hablado un momento antes ocupaba la típica silla de director. Su aspecto era bastante peculiar. Llevaba puesto lo que parecía un montón de pañuelos largos entrelazados y un gran sombrero de paja le ensombrecía media cara. Con la misma mano sostenía una pequeña botella de agua y un cigarrillo. Se giró hacia Raúl y habló en un tono más amigable.
—Bien, ponte en esa marca del suelo y mira a esta cámara. Imagínate que es una chica… Quiero que te desabroches el pantalón y digas algo.
Permaneció con la mente en blanco un segundo. Luego tragó saliva y obedeció, sin atreverse a mirar a los ojos de nadie.
“¿Y ahora qué coño digo yo?...”
Decidió decir la verdad.
—Hola, me llamo Raúl y no sé qué carajo estoy haciendo aquí.
Se preguntaba qué vendría a continuación. Siempre le había intrigado cómo funcionaba todo aquello de los rodajes. Es decir, ¿era algo así como: preparado, acción y allá vas? Porque, si así era, no podía hacerlo, ¡no en ese preciso instante! Sentía todos sus músculos tensos; todos, excepto el principal en semejante situación.
El director estaba escribiendo algo en una libreta apoyada sobre las rodillas. Lo siguiente que hizo fue gritar con toda la potencia de su grave voz.
—Pero, ¿dónde puñetas se mete esta? ¡Lola! ¡Ven aquí ahora mismo!
Después se dirigió a Raúl en un tono neutro.
—¿Estás resfriado, chico?
—¿Perdón? —dijo él, sintiendo aumentar su confusión por segundos.
—No, lo digo porque como no quieres enseñarnos el pecho y lo demás…
Reprimió el impulso de responder que no había escuchado ninguna orden de seguir desnudándose y empezó a desabrocharse los botones de la camisa. Estaba casi desnudo cuando ella entró en la habitación dando un portazo.
—¿Qué tripa se te ha roto, Charlie?
—Oh, vaya, aquí está la reina al fin… No me eches la culpa si contrato a un enano tuerto de ochenta años la próxima vez. Es lo que os merecéis todas… Vosotras dos también —añadió, señalando con su gordo índice a un par de rubias que habían soltado unas risitas ante las palabras de su jefe.
Raúl no se daba cuenta de que la camisa se había quedado medio colgando de uno de sus brazos, de la misma manera que tampoco era consciente de que todos los ojos de la habitación estaban posados sobre él. Pero no podía sentir nada en ese momento, ni siquiera el contacto con el suelo bajo sus pies. El aire se había quedado atrapado en sus pulmones, mientras miraba sin parpadear a la única persona en toda la sala que, por una cruel ironía, no estaba mirando en su dirección.
Aquella criatura parecía salida de un sueño. Algo empezó a ocurrirle allí abajo, sin que pudiera evitarlo. No se debía a que estuviera medio desnuda, mostrando casi todo su perfecto cuerpo, ni a esas largas piernas sobre tacones de aguja. Tampoco su negrísima y rizada melena hasta la cintura estaba causando tanta conmoción. Era su cara. No recordaba haber visto una cara así ni en sueños. Para empezar, sus ojos tenían la forma de los de un ángel, pero la intensidad de los de un demonio y además… Pero no era momento para seguir con sus pensamientos, Charlie le estaba diciendo algo.
—Veamos, chico, tenemos tu foto aquí, esto es solo para comprobar que no era la foto de tu primo o algo así. A la gente que conocemos no les hago la otra prueba… Ahora te vas a sentar en ese sofá y… bueno, tú síguele el juego a las chicas. ¡Intenta no ponerte de espaldas a la cámara!
Raúl miró hacia el sofá y vio la cámara apuntando a menos de un metro. Se subió el pantalón desde los tobillos y se lo colocó en su sitio para dirigirse hacia allí con toda la dignidad que su media erección le permitiera. El equipo estaba tomando posiciones.
Permaneció junto al sofá mientras cuatro chicas se situaban en el lugar asignado. Su corazón se aceleró cuando las tuvo a tan corta distancia. Para su sorpresa, las rubias se sentaron una encima de la otra y comenzaron a besarse con pasión. La de al lado se estaba desabrochando su escueto vestido. Lola era la cuarta y permanecía muy quieta, mirando con gesto severo hacia la silla de Charlie. Al echar un vistazo a menor distancia, se intensificó el ardor que subía y bajaba por el pecho de Raúl. Tenía unas pestañas larguísimas y él habría jurado que no eran postizas; incluso parecían no estar maquilladas. Su nariz era simplemente perfecta y sus labios despertaron en él el loco deseo de besarlos con ardiente pasión en el acto. Tan inmerso estaba en sus ideas que a punto estuvo de saltar hacia atrás cuando la chica que se había deshecho ya del vestido lo agarró por la cintura del pantalón y acercó sus labios a los pezones de Raúl. Trató de recomponerse y dejarle hacer lo que estaba a punto de hacer.
Su cremallera se bajó de nuevo. Tres minutos después había llegado al máximo con solo observar a Lola tocándose, a pesar de la mezcla de aburrimiento y monotonía que mostró ella durante toda la escena.
Alguien le acercó una toalla.
—El aseo está detrás de esa puerta. Desde allí puedes volver al pasillo y a la sala de antes. Dile al número dieciséis que pase.
Lanzó una última mirada en la dirección de Lola, pero ella parecía haber tomado la férrea decisión de no dar muestras de notar su existencia.
Sentado con el móvil en la mano, repasó toda la escena y lo vio claro: no podía haberlo hecho peor. Resultaba evidente, no encajaba en el trabajo. ¿Qué clase de película iban a rodar con escenas de tres minutos? Seguro que aquel tío no había ni pestañeado durante su prueba. Además, se notaba que tenía mucha experiencia en el tema, tal y como se estaba encargando de dejar claro al grupo de principiantes que le pedían consejo en ese instante.
—Esa es la clave, colegas. Todo está aquí –dijo, apuntando a su cabeza—. Puedo durar un par de horas. Es fácil, solo es cuestión de práctica.
“Este idiota conseguirá el trabajo y yo no volveré a ver a Lola. Vaya mierda de día”.
Raúl no sabía por qué seguía sentado allí si no lo escogerían ni aunque hubiera sido el único candidato sobre la Tierra. Pero lo hizo, en parte, porque nadie se movía y, sobre todo, porque ahora sabía que un par de puertas era la única barrera entre él y aquella Diosa.
El tiempo transcurría sin que supiera si eran horas o minutos, hasta que, al final, la misma chica de siempre reapareció para leer unos nombres en voz alta. No se sorprendió de no escuchar el suyo. Tras el último nombre, añadió:
—Gracias por vuestro tiempo. Ya nos veremos en otra ocasión. Los demás os podéis ir también, nos pondremos en contacto pronto.
Su cerebro tardó varios segundos en registrar lo que había escuchado; tiempo que aprovechó la chica para alcanzarlo antes de que pudiera irse como el resto.
—¿Puedes quedarte un rato? Charlie quiere hablar contigo.
—Así que no estoy entre los rechazados...
—¿Vienes o no? —preguntó ella con impaciencia.
En estado de shock, asintió con la cabeza y la siguió adentro.
Todas las chicas habían desaparecido; todas excepto Lola. Se estaba ajustando el liguero, con la cabeza inclinada hacia abajo y su larga melena tapándole la cara.
Raúl cerró la puerta tras de sí haciendo algo más de ruido de lo que debía, con la esperanza de arrancarle una mirada. Lola levantó la cara y miró hacia él, durante un escaso segundo. En el fondo se sintió agradecido por la brevedad del gesto; en vez de una mirada había sentido que le clavaban un cuchillo en la retina. Le costaba trabajo concentrarse en las palabras de Charlie, llegaban a sus oídos como atenuadas por varias paredes entre ellos.
—…¿Entiendes? No estamos aquí para perder el tiempo. —Raúl creyó captar el mensaje, a pesar de faltarle la mitad del discurso—. No es mi estilo dar segundas oportunidades, así que espero que me des las gracias haciendo un buen trabajo.
Charlie se acercó y le extendió un guión de una página. Medio aliviado y medio aterrorizado, le echó un vistazo al contenido del papel: una descripción de la escena y abajo del todo la advertencia de hacer de manera precisa lo que se pedía, sin añadir ni quitar nada. Necesitaba que le aclarasen ese último punto, pero todos tenían ya su atención centrada en las órdenes del director.
Lola estaba de pie en la otra punta de la habitación. Raúl se sentía algo violento por no intercambiar algunas palabras antes de rodar. Después de todo, eran compañeros de trabajo ahora… Intentó atrapar su mirada; una tarea que parecía misión imposible. Respiró hondo y llegó a su sitio en dos pasos.
—Hola, ¿cómo te va?
—No es tu jodido asunto cómo me va a mí —respondió, mirando a algún punto del infinito más allá del hombro de Raúl.
—Oye, nena, ¿qué pasa? ¿He hecho algo mal?
—Nada, de momento… a ver cómo te portas. Y… no me vuelvas a llamar nena si no quieres que te escupa en la cara.
Raúl pensó que sería alguna clase de broma, tal vez una novatada para darle la bienvenida al empleo… Aunque en la dureza de la expresión de esos ojos no cabían malentendidos. Y, que él supiera, nadie había pronunciado aún la palabra “acción”. No, no estaba actuando todavía, su desprecio era sincero. ¿Por qué?
No pudo encontrar ninguna respuesta medio razonable antes de que Charlie ordenara tomar posiciones. Se esforzó en memorizar el guión con rapidez y luego se dirigió de nuevo al sofá, donde permaneció de pie esperando a que su compañera de reparto se sentara frente a él. Sus palabras hirientes le retumbaban todavía en los oídos. Sabía que debía estar furioso con ella, pero todo fue verla sentarse, mirar desde arriba su escote y darse cuenta de que estaba preparado para la escena.
Se hizo un silencio total en la sala tras la orden de Charlie de comenzar a rodar. Raúl intentó olvidarse de la cámara que veía de reojo a su derecha y del grupo de personas que había a su espalda. Al menos no podía ver a nadie desde ese punto, aunque pensó que todos estarían siguiendo sus movimientos en algún monitor.
Lola alargó una mano para agarrarle por la cintura y empujar hacia abajo hasta situarlo de rodillas, como un esclavo postrado ante su dueña. Así se sintió él entonces, con total exactitud. No se había arrodillado frente a nadie nunca antes y se sorprendió a sí mismo de su naturalidad. Tuvo la fugaz impresión de que algo así surgió alguna vez en sus fantasías oníricas, pero, si así era, no recordaba nunca nada parecido al despertar.
A continuación, debía bajarle la poca ropa que llevaba en la parte inferior de su cuerpo. Intentó hacerlo con cuidado de no arañarle o alguna otra cosa que pudiera hacerle lanzar una nueva amenaza. Pero Lola aceleró el proceso y ella misma se bajó la seda de un tirón. Quizá el guión lo indicaba así; él no recordaba si estaba especificado o si su compañera le dejaba claro con un simple gesto que no se trataba de ninguna escena romántica.
Con idéntica determinación, colocó las manos en su cabeza para dirigir la boca de Raúl hacia sus muslos. Él subió hasta su objetivo y empezó a pasar la lengua por el clítoris de manera frenética. La voz de Charlie le sobresaltó. Se había olvidado por completo del resto del mundo.
—Ve más abajo, ¿lo pillas? ¡Seguimos!
Lo entendió demasiado bien: ella no tenía por qué disfrutar, solo era trabajo, solo eso. Raúl hizo un esfuerzo por recordar lo que venía a continuación y procedió a insertar un dedo. Lola, demostrando un mejor conocimiento del guión, le agarró la mano y se introdujo su dedo índice en la boca para humedecerlo primero. Raúl se dio cuenta de que algunas gotas de sudor empezaban a surcarle la espalda. Pero debía durar hasta el final esta vez, como fuera. No podía arruinar la escena de nuevo: no volvería a verla jamás. El terrible pensamiento pareció ejercer el efecto deseado, aunque solo de manera transitoria. El calor húmedo de la boca alrededor de su dedo hizo que temblase de anticipación imaginando la forma de contacto que estaba a punto de llegar.
“Tengo que aguantar, tío, o mi carrera se va a acabar antes de que empiece”.
Buscó algún recuerdo desagradable en su memoria y lo encontró en los archivos de ese mismo día: aquel tipo fanfarrón. Odiaba la idea de que hubiera tenido una escena con Lola. Le había oído comentar antes de irse, cuando ya conocía los resultados:
—Ya lo sabía, siempre me escogen, no pueden vivir sin mi herramienta, je je.
Parecía estar funcionando. Cuando llevó el dedo a su destino, trató de comportarse como haría un doctor en una exploración: con absoluta profesionalidad. Después de todo, no necesitaba ninguna excitación extra. Estaba listo para lo siguiente. Llegó el turno para las únicas líneas de texto, aparte de los gemidos y suspiros que debían acompañar a todo lo demás.
—¿Te gusta, nena?
—Sí —respondió ella, sin objetar que le llamaran así en ese contexto. Y añadió—: fóllame.
Raúl se incorporó y no necesitó que se lo dijera dos veces. Tenía los ojos clavados en los suyos, pero ella no lo estaba mirando, aunque desde fuera pareciera que sí lo hacía. Él habría jurado que Lola hubiese elegido cerrar los ojos de no ser porque el guión indicaba que tenían que mirarse con lujuria en ese instante. Admiró en secreto el truco utilizado: posar los ojos por encima de las cejas de él de modo que la cámara fuera incapaz de registrar la diferencia.
Raúl empezó a moverse a mayor velocidad, casi enfurecido.
“¡Qué gran actriz!”, pensó, “mírala, ahí, fingiendo que se lo está pasando de puta madre…”
Solo él, a tan corta distancia, podía distinguir aquella sombra en la profundidad de sus ojos negros: no solamente no estaba disfrutando en absoluto, sino que su mente debía de andar vagando a varios kilómetros de allí.
Descubrió que una de las cosas más difíciles de la situación era qué hacer con sus manos. Siempre había tocado a su compañera sexual: la espalda, el pelo, los brazos… Elena le había comentado que no era tan frecuente como él imaginaba, que otros hombres ni siquiera le habían puesto un dedo encima mientras lo hacían. En ese momento no sabía dónde ponerlas, parecían haber cobrado vida propia y luchaban por rozar cada poro de la sedosa piel. Pero el único contacto permitido era tomarle un pezón entre el índice y el pulgar. Lo hizo del modo más sutil que pudo, lo que contrastaba con los pellizcos que se dedicaba ella misma.
La cámara se había acercado tanto que debía estar pendiente de no tapar nada con su cuerpo. Con tantas cosas en el cerebro que atender a la vez no resultaba fácil disfrutar de la experiencia; pero lo peor de todo era la actitud de Lola. Estaba deseoso de enviar el guión al infierno, tomarle la barbilla y hacer que lo mirase a los ojos.
Charlie ordenó cambio de postura, así que ella se volvió de espaldas a él. Continuaron de manera mecánica con la acción hasta que Raúl no pudo controlarse y Lola, de manera obediente, recibió su lluvia. En cuanto acabó todo, se alejó a paso veloz, dejándole con un vacío interior que nunca antes había sentido en toda su vida. Al menos su cuerpo, o una parte, había sido suyo, pero él quería más. No habría sabido explicar en ese instante lo que ansiaba lograr, no estaba en condiciones de reflexionar con lucidez. Una única e inmediata obsesión se apoderó de su mente: averiguar lo que se escondía detrás de esa mirada, aunque fuera lo último que hiciera en su vida.


Raúl agradeció a Charlie la oportunidad, que había culminado en un contrato de prueba, y se despidió de modo cordial de la parte del equipo que le prestaba aún alguna atención. Recorrió cabizbajo el camino hacia la calle y, al abrir la puerta del edificio, divisó a Lola cerca de la esquina, de espaldas a él, con la larga melena recogida en una coleta, vestida con jeans y una sencilla camiseta blanca. No estaba sola. Un tipo de aspecto chulesco le hablaba, con su cara a escasos centímetros de la de ella.
“Genial, encima tiene novio…”
Sintió que los celos le ardían en el pecho. Pero entonces, aquel hombre agarró su brazo y la empujó con rudeza para alejarla de él. Los pasos de Raúl le llevaron hacia allí antes de que su cerebro hubiera dado la orden, o antes de haber sopesado las posibles consecuencias. El otro había actuado con igual rapidez y, tras una última mirada amenazante a Lola, se alejó de manera apresurada, con lo que no advirtió la llegada de Raúl.
—¿Quién era ese tío?
Lola se sobresaltó al escuchar su voz tan cerca. Se giró como a cámara lenta y le lanzó una mirada furtiva llena de desprecio. No hacía falta que respondiera, pensó Raúl, la traducción en palabras la captó al instante: “¿Por qué no te vas a la mierda?”
Decidió intentar una nueva táctica, tal vez ella tenía razón al considerarlo un pesado intruso. Comenzaría por disculparse para iniciar una conversación civilizada.
—Perdona, es que pensé que necesitabas ayuda y yo… yo solo quería…
No se consideraba demasiado tímido, pero, después de todo, tampoco se habría visto capaz de presentarse a un casting porno…. Se preguntaba si se conocía a sí mismo en absoluto. Tras una eterna pausa de varios segundos, ella se dignó a responder.
—Oye, mira… como te llames—
—Raúl, me llamo Raúl —se apresuró a aclarar con una sonrisa, que Lola no devolvió.
—Escucha, no tengo amigos en el trabajo y no voy a cambiar eso por ti, ¿entiendes? Así que déjame en paz.
A Raúl no se le pasó por alto lo guapa que estaba sin maquillaje. Reprimiendo una sonrisa estúpida trató de disculparse de nuevo.
—Vale, de acuerdo, yo solo quería…
—Meter las narices en mis asuntos.
—¡No! No, la verdad es que quería disculparme por lo de antes… ahí dentro, por poco te entra en un ojo cuando, bueno, ya sabes, perdona…
Raúl se refería a la descontrolada forma de terminar la escena, derramándose por toda la cara de Lola.
—Ah, eso… Aprende a apuntar mejor, vaquero…
Por un escaso segundo, pareció a punto de sonreír, pero, acto seguido, recuperó su severo aspecto para zanjar la charla.
—Adiós.
Dio media vuelta y desapareció tras la primera esquina.


Raúl tiró las llaves con desgana en la estantería de la entrada de su apartamento y se dirigió directo a la cama, tumbándose de espaldas en el ruidoso y vencido colchón. Una extraña sensación se estaba apoderando de sus sentidos: algo nuevo y grande que jamás antes había experimentado. En otras circunstancias, habría alejado de sí con todas sus fuerzas el recuerdo de aquellas hirientes miradas de desprecio pero, tal y como se estaba encargando de recordarle cierta parte de su anatomía, tales pensamientos eran su única conexión con Lola y dejar de pensar en ella era lo último que su pobre voluntad le permitía hacer en ese momento.

Alargó un brazo para pulsar el mando a distancia del televisor y ver un rato el canal adulto, por cortesía de sus padres, que le habían regalado una suscripción al pack completo de cine. ¿Sabrían que venía incluido ese otro? Nunca había hablado de sexo con ellos, pero se imaginaba sus caras si lo hubieran visto minutos atrás. Ahora que conocía algo de los entresijos del negocio, su imaginación se ampliaba a la zona que no salía en pantalla: a los técnicos y ayudantes, al director… Casi podía sentir la presencia de un doble de Charlie escudriñando y dando órdenes desde la sombra. Cerró los ojos con una triste sonrisa. Después de todo, aquel mes tendría, al fin, algo parecido a un sueldo, por primera vez desde hacía mucho tiempo.



20 comentarios:

  1. Pues... si me permite que le dé mi humilde opinión, me parece un muy buen comienzo y muy bien escrito. Mucho mejor que alguna cosa también supuestamente relacionada con la DF, que he leído últimamente, ya editada y publicada.

    Me ha dejado con ganas de seguir leyendo, o sea que ya tiene un comprador si la publica.
    g{A.M.]

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    1. Gracias. Sobre lo que comentas, la verdad es que, entre tú y yo, ejem, sin entrar a analizar el contenido femdom de ciertos textos, resulta incomprensible que se lleguen a publicar sin un mínimo de corrección gramatical. El tirón de la supuesta moda supongo que se impone al final, pero los lectores no son tontos, y si además son Am@s y sumis@s convencidos no van a dejar que les den gato por liebre.

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  2. Con absoluto desconocimiento para ser capaz de hacer un análisis objetivo. Si me atrevo a comentar que me parece interesante el arranque de la historia, sencillo, posible y ambientado correctamente.
    Me gusta la estructura de frases cortas en los diálogos muy propia de los personajes que conforman la historia.
    Ahora a la espera del avance, de las descripciones que doten de intensidad y detalle el desarrollo del texto y con la expectativa de una trama in crescendo. Espero no molestarles con mi comentario. Y permitan que agradezca que compartan el texto para poder disfrutarlo.
    A la espera del siguiente capítulo, reciban un cordial saludo.

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    1. Gracias por tu comentario, y aclararte que detrás de todo lo que se publica en este blog solo hay una persona, yo ;)

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  3. Me gusta¡¡¡ Lo leí de tirón, que ya es raro en mí je, tiene ritmo, humor, erotismo y deja entrever muchas cosas, vamos que engancha. Tambien lo ví muy cinamatografico ;)

    Gracias por ponerlo

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    1. Si engancha, misión cumplida ;) Me alegra que te guste.

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  4. :o)

    ¿Puedo decir que me quedo con ganas de más?

    Pues dicho queda.

    ;)

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  5. Está bueno. Me gusta tu manera de escribir, me gusta la gente a la que se le entiende lo que quiere decir.
    Buen trabajo

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  6. Si me permite, Señora, me resulta un comienzo muy acertado y no parece Usted una simple aficcionada. Hace unos años, conseguí publicar una novela de este género, antes del boom de Grey... Lo cierto es que fue un camino largo. Ahora quizá sea más factible, no lo sé. En su momento, hubo quien creó editoriales de temática homosexual y me gustaría tener una referencia de novelas FemDom de manera más cómoda. No es algo tan disparatado, y con ello espero, que no se termine convirtiendo en literatura vainilla para morbosos. De cualquier manera, me gustaría, si me lo permite, felicitarla por su trabajo.

    Gracias.
    Mis Respetos.
    zero{MS}

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    1. Siempre queda la opción de la autopublicación, en fin, ya veré lo que hago en ese sentido. Me alegra que te guste, saludos.

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  7. Sin poder opinar de manera técnica del primer capítulo de su libro. Solo puedo decir que he disfrutado mucho leyéndolo, ha dejado ganas de saber más de sus personajes y seguir su historia. Gracias por su regalo Ama S, a sido un placer el recibirlo y que lo haya compartido con los seguidores de su blog.

    Uno más que se une a la espera de su publicación.

    Un Saludo

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    1. Me alegro mucho de que te guste, y comentarios así me animan a agilizar el proceso de poner a la venta el e-book ;)

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  8. La he leído de un tirón. Es una magnífica muestra de los tipos de relaciones sanas e insanas que se pueden dar en el bdsm. Siempre es un honor leer las historias salidas de la mente de una Ama tan especial como Ama S. y aprender de su coherencia y sensibilidad.

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    1. Me alegro de que alguien que ha leído la novela entera deja su opinión, y si encima es favorable, me alegro el doble :D

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  9. He tenido la gran oportunidad de poder leer su novela, sí, digo la gran oportunidad y sé por lo que lo digo. La he leído rápido; no se puede dejar de leer por como atrapa al lector interesado en estas relaciones y como no le permite cerrar la lectura.
    Esta novela de Dominación Femenina, “Despertar sumiso”, tras leerla no tuve por menos que pensar en escribir un post para mi blog, porque me parece digna de elogio cómo es capaz de llegar a tratar un tema tan denostado por desconocido con esa naturalidad abrumadora.
    En el capítulo 6 hay algo muy humano, cuando él se preocupa del estado de ella al verla baja de moral. La frase de: “Solo quería ofrecerle su apoyo mediante su contacto”. Que importante es el contacto físico en momentos de bajón.
    Si me dijeran que me quedara con una frase de la novela, no escogería ninguna de “sí mí Ama o llegó a los pies de su Señora con la cabeza baja y los ojos clavados en sus zapatillas de seda…”. Elegiría esta maravilla:

    “Rogó en silencio que ella vertiera toda su altivez, toda su intensidad, todo lo que le diera la gana, sobre él, porque allí, abajo, estaría en sometimiento gustosamente aceptado para recogerlo, en anhelante deseo de ser la otra mitad de ese mundo de dominadora y dominado”.

    http://famulum.blogspot.com.es/2014/07/despertar-sumiso-algo-diferente.html

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    1. Naturalidad y equilibrio, esa era la idea. Has elegido una frase de la que me siento orgullosa y que refleja mi concepto de DF, con ambos componentes formando un todo y aportando por igual a la relación a pesar de la asimetría.

      Voy a ver ese post :)

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  10. He leído tu librooooooo!!!! Madre mía del amor hermosooooo como me ha gustadoooooo!!! Enhorabuena!!! Mi más sincera enhorabuena...

    Fantástico el libro, de verdad... compré el libro con mucha curiosidad y emoción por leerlo, después de leer el primer capítulo que ya tenía muy buena pinta. Pero después al verlo así en pdf.. y yo no ser muy aficionado A internet.. ni a leer en una pantalla.. lo fui dejando con el pretexto de imprimirlo y poder leerlo en papel... Pues dicho y hecho 5 meses más tarde, antes de las vacaciones de navidad lo imprimí, a las carreras, como siempre en el último suspiro. Me lo traje camuflado en el equipaje a casa de mis padres y entre tanta fiesta amigos y familia.. no lo pude leer, hasta ayer por la noche..

    Qué atracón... del tirón me lo he leído!!! jajajajaja, a ver, si ya lo sé, es cortito, y se lee muy bien, muy fácil. Me gusta tú estilo... hasta releí el capítulo 1 para meterme bien en la historia... y fue eso, empezar y no parar, en un periquete en la cama cuando todos estaban durmiendo me lo ventilé como si fuera un plato de jamón serrano al venir de la piscina!! Ñam ñam!! Visto y no visto..

    Así que nada... solo me queda darte la enhorabuena, porque has conseguido tenerme atrapado en una historia que desde mi humilde opinión está muy bien. Vista en perspectiva, en global, se trata de una historia redonda, que consigue mantenerte enganchado con esa presencia del malnacido de Toni.. que le da un toque truculento a la historia, y mira que al principio me parecía como que no pegaba.. y al final solo puedo sacarme el sombrero. Demuestra que tienes un gran talento como contadora de historias!! De diez!! Es evidente que se te da bien escribir, solo hay que leer tu blog, no como a otros que somos unos zopencos en este campo... pero con el libro me has conquistado de verdad!! A tus pies!! Noooo a tus pies noooo que me pongo y no se trata de eso... Pero toda mi admiración sí!! Muchas felicidades!!

    Por otro lado tenía guardada la pregunta de por qué ponías de protagonista al sumiso... y que conste que después de leerlo me ha parecido soberbio.. y me he identificado con muchas cosas del personaje, en lo que se refiere a buscar documentación, en entender cosas que formaban parte de uno desde siempre, o en la liberación que supone entender la sumisión como algo normal y natural y poco a poco dejar de sentirse avergonzado.. Está muy bien!! Pero bueno, ya has dicho que habrá segunda parte... así que aquí estoy deseando tenerla en mis manos. No sé si habrás pensado en alguna ocasión adentrarte más en la mente dominante femenina. A mi desde luego es la parte que más me fascina, porque lo que es ser sumiso ya lo tengo más conocido, y me llama mucho la atención esa faceta de la personalidad de las mujeres... Recuerdo haber leído un relato tuyo de una pintora en un monasterio, que también me dejó con ganas de más.. Así que ahora voy a por los relatos cortos que acabas de publicar, seguro que merecen la pena.

    Lo de que fueran actores porno, también era algo que al principio me chirriaba un poco, porque dejaba poco margen para identificarte con los personajes, pero nuevamente me equivocaba. Has demostrado que tiene su sentido y has sabido crear una historia en la que te identifiques con ellos o no, está genial desde el principio hasta el final. Lo dicho enhorabuena. No dejes de escribir nuncaaaaa!!!!

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    Respuestas
    1. Como se suele decir, más vale tarde que nunca :)

      Con lectores tan entusiastas por supuesto que dan ganas de no dejar de escribir jamás :)

      Me alegra sobre todo que hayas captado las intenciones de la novela y que te parezca de calidad, es un gusto cuando se valora el esfuerzo y la pasión que le pongo a lo que hago.

      Espero que me sigas leyendo y que lo disfrutes ;)

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