~ La sumisión NO es ser utilizado, la sumisión es ser útil.

~ La sumisión NO es pensar de ti mismo que eres menos, la sumisión es pensar menos en ti mismo.

~ La sumisión NO es lo que te hacen a ti, la sumisión es lo que tú puedes hacer por ella.


lunes, 28 de noviembre de 2016

Machismo en femdom


Se supone que en femdom se exalta lo femenino muy por encima de lo masculino, incluso cuando ese concepto (absurdo para mí) de la ginarquía no está presente. Sin embargo, como en esto no es oro todo lo que reluce, al igual que pasa con la panda de sumisos tan aparentemente entregados, ocurre que muchas veces no hay ni siquiera feminismo sino machismo puro y duro. ¿A qué me refiero? …Vamos allá...

Yo por ejemplo, como Ama de anti-manual que soy, no llamo al sumiso perra, zorra ni puta, ni sinónimos tampoco. Vamos a ver, un Amo hetero no le dice a su sumisa “oye perro”, un Amo gay no le dice a su sumiso “oye perra”... entonces, ¿por qué demonios se supone que lo normal es cambiar de sexo al sumiso nombrándolo como si fuera una mujer?

De la feminización del sumiso como práctica degradante ya he hablado (para mal, claro). Me parece positivo que cada género asuma características del otro que socialmente le están vedadas, como la sensibilidad para los hombres y el poder para la mujer, pero de ahí a volvernos machorras y nenazas, hay un mundo. Y me parece bastante grave hasta qué punto la base de ciertas relaciones de supuesta dominación de la mujer sobre el hombre vuelve a ser solo más de lo mismo, más del típico esquema de predominio del macho sobre la hembra o de lo masculino sobre lo femenino. El ejemplo de que un hombre se “feminice” haciendo de chacha doméstica ya me parece machismo mega rancio, porque las mujeres no nacemos con el gen de lavar los platos, aunque esa sea la imagen que más abunde en los anuncios de detergentes y similares.

Cuando un sumiso me ha llegado diciendo “quiero ser tu puta”, me he reído por no llorar. Porque es muy triste que todavía estemos así, con ese tufazo machista que salpica incluso lo que se supone que es la antípoda del machismo.

Invertir roles... ¿qué significa eso? Yo no quiero dejar de ser una mujer, ni tomar un rol masculino. Pero claro, masculinidad equivale a poder, eso aún no ha cambiado. Yo aspiro a una relación de poder donde la mujer domina con su feminidad y el sumiso no deja de ser un hombre.

Creo que en esto a veces se comete el mismo error que se produce cuando una mujer siente que debe amoldarse al rol masculino para prosperar en la empresa o en un cargo de poder político o del tipo que sea. Si debemos ajustarnos a lo que se supone que es lo normal también dentro de este mundo de D/s, entonces vamos mal, y volveremos a estar sujetas, por enésima vez, a lo que esperan ellos de nosotras.

Veamos el modelo que se repite tanto dentro como fuera del porno convencional: macho que domina en la cama y hembra que se deja hacer, y lo que es más, ella es una puta si disfruta con ello (es MALA, sin embargo él hace algo natural para su género y no se le insulta...). ¿Y qué ocurre en el femdom más tópico? ¡Pues exactamente lo mismo! Ella se supone que es ella pero es un “él” sin que le falte ni el falo de plástico. ¿Y el sumiso? El sumiso es una puta-perra (así, en femenino, faltaría más) que toma el papel femenino y pasivo en la historia.

Oye, que si a una pareja le pone eso de usar la palabra perro, o perra, o monja clarisa, no le incumbe a nadie más que a ellos dos. Pero sería interesante replantearse hasta qué punto una pareja que se entrega al femdom lo hace desde lo que realmente les apetece o si por el contrario piensan que tienen que hacer “lo normal dentro de lo alternativo”. A mí, ponerle unas medias de rejilla al sumiso y llamarle puta me deja fría como un cubito de hielo. A veces caemos por inercia en clichés rancios que tal vez deberíamos cuestionarnos. Creo sinceramente que usar palabras en femenino para humillar al sumiso es una inercia que se contagia desde lo peor de la tradición machista. Que hay quien sabe diferenciarlo, como hay quien es capaz de diferenciar la parafernalia nazi, pues vale, pero a mí ni insultar en femenino ni vestirme de nazi me ponen para nada.

Lo del arnés merece entrada aparte, pero ahora yo haría una reflexión rápida. Si un hombre es usado analmente, se supone que se trata de uno de estos dos casos:
-otro hombre lo usa, con lo cual el hombre sodomizado es homosexual
-una mujer, tomando el papel masculino, lo sodomiza

Es decir, parece que, hagas lo que hagas, y tengas la relación que tengas, ya sean dos hombres, dos mujeres, o un hombre y una mujer, el que folla tiene el poder y el follado no. Que no tengo nada en contra de las prácticas anales del tipo que sean, pero no entiendo por qué debe tener una connotación humillante. Bastante tabú hay con el tema anal, como si el punto P fuera exclusivo del placer gay, como para simbolizar en femdom el poder de lo masculino sobre lo femenino OTRA VEZ. El hecho concreto de que un hombre obtenga placer anal no es más que una práctica completamente normal de una persona que es capaz de disfrutar de su cuerpo sin darle connotaciones negativas o especiales, claro está, si es capaz de dejar a un lado tabúes, represiones y tópicos sobre el tema impuestos desde todos los frentes convencionales y no convencionales.

Inciso. Parece que todo el sexo está planteado en torno al tema activo/pasivo, dar/recibir, etc. Esto no deja de ser curioso, porque claro, visto así, NINGUNA relación es igualitaria. Lo que ocurre en el 100% de las parejas entonces es una relación de poder, ¿no?... Que ya lo decía por cierto el gran Oscar Wilde: Todo se trata de sexo, excepto el sexo. El sexo se trata de poder.

Pero siguiendo con el tema del machismo, otro esquema patriarcal que se cuela en femdom como quien no quiere la cosa es el uso de la fuerza para dominar. El sumiso que busca la autoridad femenina encarnada en una individua con pinta de asesina en serie, tiene muy interiorizado que eso de la dominación solo puede provenir de alguien que le supera en músculos, y claro, a no ser que ella se dedique a la halterofilia, tendrá que lograr esa superioridad física por medio de látigos, fustas, palas, etc. Ojo, que no ataco a los practicantes del sado-masoquismo, lo que digo es que algunos la única forma de dominación que aceptan es esa, pero como ya dije en el sumiso masoca, eso será una práctica que no tiene mayor trasfondo ni constituye una relación D/s, ni el castigador ni el castigado tiene por qué ser dominante o sumiso, de hecho un dominante puede ser masoca, o sea, que hay que fijarse hasta qué punto una cosa no tiene por qué estar relacionada con la otra.


Otro simple ejemplo de machismo, aunque esto no es exclusivo del universo femdom, es el tema del aspecto físico. Muchos sumisos buscan un Ama con pinta de miss universo pero ellos son feos de narices; algunas hasta los buscan así para humillarlos más o para resaltar ellas cuando no son muy agraciadas.

Así que, por no alargarme más, mi enfoque de Dominación Femenina es el de una mujer-mujer que domina a un hombre-hombre, utilizando las propias armas de feminidad sobre un hombre que no tiene que perder o esconder su hombría.


Vale, ya sé que soy una utópica, pero no pierdo la esperanza de que todo esto cambie algún día y se borren todos los clichés que pesan como una losa. Pero me parece muy triste que el femdom no combata al machismo con armas propias sino que caiga de lleno en el machismo de siempre al feminizar al sumiso y masculinizar al Ama. Somos mujeres, no necesitamos pene para dominar, ni usar armas masculinas como la fuerza bruta para hacerlo. No quiero femdom machista, quiero ser lo que soy, una mujer, dominando a un hombre.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El sumiso autómata


El futuro ya está aquí, no hace falta que inventen robots porque ya los tenemos en el grupo de los sumisos de copia-pega. ¿Que quienes son esos? Pues muy fácil: todos los que van con el mismo mensaje por todo el ciberespacio y les resbala qué clase de mujer lo reciba, siempre que les valga a ellos para salirse con la suya y cumplir su lista de prácticas. O sea, por otra parte, esto engloba al 90% de los supuestos sumisos, claro, por eso ninguno encuentra Ama y por eso nosotras ya sabemos que la sumisión masculina es un cuento chino la mayoría de las veces, por desgracia.


Ejemplo reciente:


Por lo que respecta a mi presentación, soy un sumiso con gusto por la sumision domestica, sodomizacion, feminizacion, adoración, pies, zapatos, wc, spanking y castidad Sra, es decir, servir a la Ama y hacerla feliz a través de la entrega de mi cuerpo y mente.

Me inicié hace un tiempecito ya en este mundillo pues he visto que lo que realmente me llena es servir y adorar a mi eventual Dueña. Tengo 25 años, mido ojos azules y pelo castaño Lady.

Mi deseo es servir a una Dómina esperando poder confraternizar con Ella, ser una extensión de Su voluntad Lady.

resto a su disposición Sra, esperando que le haya gustado mi presentación Lady.

a sus pies,


A ver si mejora el mensaje-tipo porque no se puede medir en color de ojos, pero vamos, ¿gustarme?, pues no, no me gusta ni un pelo, qué teatrero por dios, no hace falta hablar haciendo un papel... Aunque, claro, coño, eso es justo lo que hacen, están partidos por la mitad, hay que ponerse un disfraz de pedante repelente para entrar en el mundo oscuro del femdom, ains. ¿Wc, feminización?... Buah, venga, vamos a darle un nuevo y retorcido significado a esa bonita palabra: entrega. No, no me hace feliz regalar mis desechos, no me pone a cien que un tio “se rebaje” por ponerse bragas. Pero es que yo soy así de peculiar, juas.



¿A mis pies? Búscate una Lady de postal en tu tierra, nene, que yo quiero gente de carne y hueso, no muñecos huecos que vienen con su Yo-quiero, Yo-deseo, Me-gusta, Me-llena. Me importa un carajo lo que tú quieras, piérdete, sumiso infernal del montón.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Eternamente raritos

La diversidad sexual está bastante lejos de ser socialmente aceptada. Ejemplos hay miles, pero hoy traigo estos dos, y más que irán apareciendo. En los dos casos se transmite la idea de que un hombre fetichista de pies es lo más asqueroso y perturbado que te puedes encontrar como mujer, como vamos a ver.

El primer vídeo es de un “gurú” del amor. Se está poniendo de moda este tipo de asesor para mujeres, de guías sobre cómo encontrar al hombre de tu vida. Algunos, incluso este en concreto, dicen cosas interesantes y válidas, que de manera muy resumida consisten en tener autoestima y no dejarse llevar por espejismos antes de tiempo. O dicho de otra manera: una mujer tiene que quererse y valorarse a sí misma antes de esperar la aprobación ajena de cualquier hombre, y si un hombre quiere estar a nuestro lado, tendrá que demostrar con hechos que la cosa es viable. Todo super obvio, pero claro, el mito del amor como algo que te cae encima en vez de algo que surge de forma natural es algo que aún lava muchos cerebros.


Bueno, pues este hombre suele decir cosas útiles, pero en algunas ocasiones ha dejado claro que su única forma de concebir una relación hombre-mujer es desde el cliché de macho alfa. Tampoco es una novedad social eso, claro. Y aquí en concreto, mientras da un buen consejo acerca de no perder el norte con un hombre hasta que se demuestre la posible compatibilidad, va y suelta lo siguiente: “¿recuerdas al último tío con el que te liaste? Sí, el tío que disfrutaba siendo atado a la cama mientras le metías un pie en la boca?” Y a continuación hace un gesto de aguantarse las ganas de vomitar. Poco más que comentar, se comenta por sí mismo, el tipo demuestra una gran amplitud de mente, juas...

El segundo vídeo es un fragmento de la serie Modern Family. Resulta chocante que en una serie que incluye nuevos modelos de familia como el matrimonio gay o la diferencia étnica y de edad, aparezca esta escena en la que se ataca a los hombres con afición por los pies femeninos. Pero en fin, así está la cosa.


¿Son unos perturbados los fetichistas de pies o los sumisos? A ver, en todas partes hay locos, y por aquí han desfilado públicamente unos cuantos, pero más bien la cuestión es: ¿un hombre se acaba desequilibrando debido a la presión social acerca de lo que un “hombre de verdad” debe desear?

Ahí dejo la reflexión. Y ahora voy a dedicar un rato a recordar esos momentos irrepetibles en los que disfruté (sí, yo, tanto o más que ellos) mientras jugaba con mis pies sobre cualquier parte de un cuerpo masculino.